lunes, octubre 23

El Nuevo Milenio

A mediados del pasado mes de septiembre, uno de los programas más exitosos de la primera etapa de Cuatro, “Cuarto Milenio” estrenaba segunda temporada. Sin embargo, nada más comenzar a verlo, se podía ver (y entrever) que empezaba un “nuevo Cuarto Milenio”, empezando por una nueva cabecera y un total remodelado de plató. A primera vista impresiona ver semejante plató, una especie de oficina-salón-biblioteca por la que Iker Jiménez se pasea tratando diversos temas. Tenemos el espacio de las fotos y los videos, el espacio de las entrevistas, y como no la particular mesa donde se tratan los temas de cada emisión. Realmente me pregunto si es necesario tanto paseito, de arriba abajo, y de lado a lado del plató según convenga el tema.

Jiménez, insiste en que ellos son periodistas, “ni quitan, ni ponen nada”, y que solamente tratan de informar. Bien, el periodismo de investigación de sucesos paranormales siempre fue, es y será polémico, y cuestionable, y es algo que los periodistas que se dedican a ello ya tienen asumido. Si a esto le sumamos, que el equipo de Milenio se deja llevar cada vez más por las pretensiones de captar audiencia de un modo rápido mediante recreaciones de hechos a modo de cortometrajes de terror, autopsias en plató, experimentos con agua y arroz; o lo último, ver como momificaban a los difuntos los antiguos egipcios con una momia presente, el resultado es una especie de “parafernalia” que nada tiene que ver con la primera temporada de “Cuarto Milenio”. Lejos de transmitir veracidad, lo único que consiguen es confundir al espectador y ponerse en el punto de mira de aquellos que creen que este tipo de periodismo no es periodismo.

En las primeras emisiones, la escaleta del programa era clara y concisa. Diferentes temas a tratar en una noche, cada uno acompañado por un buen reportaje, poniendo en antecedentes al espectador, continuando con un debate con colaboradores más o menos asiduos. También había secciones que continúan formando parte del programa, la de noticias y la más popular, las fotos enviadas por los telespectadores. La seriedad y sobre todo, la información estaban por encima de todo, empezando nuevamente por el plató. Un plató pequeño, sobrio pero acogedor, compuesto por un plasma y dos muros de piedra en los laterales con inscripciones.

Comparando las viejas con las nuevas emisiones, yo prefiero las antiguas, en las que se realizaba un buen formato, en el que el periodismo, en definitiva, los hechos reales, eran lo importante. Hoy por hoy, el 50% es información, y el otro 50% es la puesta en escena, como si de una película se tratase.

De todos modos, los datos de audiencia obtenidos (entre el 9% y el 14% de share) continúan por encima de la media de la cadena y sigue siendo uno de los programas más vistos de Cuatro. Y por otro lado, todos aquellos (entre los que me incluyo) a los que les gusta el misterio y los sucesos extraños, siguen teniendo un lugar mediante el cual poderse mantener informados. Todo evoluciona, pero a veces es mejor volver la vista atrás, hacia las raíces, hacía los orígenes, porque cualquier tiempo pasado fue mejor.